Transportes Aéreos Globales

TAG es una compañía aérea virtual que opera con cualquier tipo de avión y sin límite en el tipo de trabajos a llevar a cabo. Desde transporte regular de pasajeros en líneas aéreas hasta vuelos ferry de todo tipo de aeronaves en cualquier parte del mundo...

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24 de diciembre de 2011

INFORME MISIÓN 20: Origen: Kabul (José Ángel)

Piloto: José Ángel.
Meteo: Real: calima, sin nubes pero visibilidad muy baja. Viento en calma.
Aeronave: Douglas DC-3.
Simulador: X-Plane 9.70.

Kabul, 24 de diciembre de 2011, 10:00 am (hora local). Aún hoy no sé exactamente qué hacía el DC-3 de la compañía aparcado en el aeropuerto de la capital afgana; sólo sé que una llamada urgente desde Tagoror me forzó a abandonar mis vacaciones navideñas en Georgia y darme "un salto" hasta el aeropuerto de Kabul en busca del DC-3.

Para colmo, las autoridades afganas me pedían mil papeles, algunos inexistentes, para poder pasar el control de seguridad hacia el aeródromo. Suerte que uno tiene amigos en todas partes y pude colarme, finalmente, "por la puerta de atrás".

Cuando llegué al avión, mi sorpresa fue mayúscula al encontrarme numerosas marcas y abolladuras en el fuselaje. En su interior me encontré un cargamento que sobrepasaba levemente el MTOW del aparato y, por contra, muy poco combustible en las alas. Comenzaba a sintonizar la radio para solicitar varios cientos de libras de gasolina cuando, al otro lado del aeropuerto, divisé lo que parecían varias jeeps del ejército moviéndose en dirección al avión...


Eso me hizo reaccionar y poner en marcha el aparato a toda velocidad. Las instrucciones de la base eran claras: sacar el avión de Kabul de cualquier manera.

El viento estaba en calma y decidí despegar por la 29, que era la cabecera más cercana. Cruce los dedos y metí gases sobrepasando el límite de presión en los carburadores. La pista estaba a 2000 metros de altura y llevaba mucho peso, por lo que la carrera sería más larga de lo habitual.

A los pocos metros del asfalto pude divisar como los jeeps se paraban y los tripulantes se bajaban y se quedaban mirando en mi dirección como pasmados. Por un momento pensé que me iban a tirotear o algo parecido. Suspiré un poco más calmado.

En el avión no encontré carta alguna de navegación; sólo un mapa de la zona, impreso desde una web de internet. Vi que lo más fácil podía ser cruzar la frontera con Pakistán a unas 45 millas en dirección sureste y, un poco más adelante, encontraría un aeródromo donde posiblemente pudiera recargar los depósitos de combustible para seguir el viaje. Tracé una línea con mi bolígrafo.


En el mismo mapa venían marcadas las radioayudas más importantes así que sintonicé un VOR cercano al aeródromo de destino (de Thal) y, de paso, un NDB que se encontraba tras la cordillera que hacía de frontera entre ambos países. Y bien que lo hice, pues la mala visibilidad de apenas 2 millas me acompañaría todo el viaje.

En varias ocasiones tuve que desconectar el piloto automático e ir sorteando las montañas a medida que me las iba encontrando pues con todo el cargamento, el avión tardó bastante en alcanzar los 12.000 pies.


Al cruzar la cordillera me encontré con otro problema. Dado que el DC-3 no contaba con capacidad DME y en el GPS no figuraba, por alguna razón, el aeródromo de destino, ¿cómo daría con él con tan poca visibilidad?

Así que fiándome del mapa, comencé a descender en busca del cauce del río Kurram, el cual seguí sin perderle ojo al indicador de combustible que no paraba de bajar.


Así encontré el aeródromo de Thal.

Tras aterrizar, me di cuenta de que la situación era más desoladora de lo que esperaba. Aquello estaba desierto, ni un alma. Y por supuesto, ni un mal bidón de gasolina de aviación. ¿Que haría? Ya había sacado el cargamento de Kabul, pero no estaba seguro de que este fuera el mejor sitio donde dejarlo. ¿Y cómo saldría yo de aquí? ¿de en medio de ningún sitio?

Consulté el mapa otra vez y encontré un aeropuerto pakistaní, al parecer internacional, a unas 60 millas al noreste. Pero... ¿me daría el combustible para llegar? ¡Se acababa de encender la luz de mínimos!


Hice cálculos y, si me libraba de algo de peso, podría llegar. Así que fui a la parte trasera del avión dispuesto a descargar 1500 libras de cargamento. Dado el contenido de las cajas, no creí que permaneciera mucho tiempo en el aeródromo. De hecho, una vez había despegado, pude vislumbrar a través de la niebla como aparecían los aldeanos como de debajo de las piedras, a puñados, abrían las cajas y se repartían su preciado botín. No pude evitar sonreír...

Para llegar al aeropuerto internacional de Peshawar sintonicé un VOR cercano y comencé a subir hasta unos 9.000 pies pues había que sortear otra cordillera. En mitad de ella, cambié el flujo de gasolina; desde el depósito izquierdo únicamente y anoté la hora exacta.


Y bien que lo hice, pues 9 minutos más tarde los motores empezarían a pararse. Cambié rápidamente el flujo de gasolina (desde el depósito derecho) y crucé los dedos otra vez más. Afortunadamente, ya estaba saliendo de la cordillera y todo lo que quedaba era "cuesta abajo".

La ciudad de Peshawar era bastante grande y no fue difícil encontrar el aeropuerto. Me dieron prioridad y aterricé sin problema por la 17.


Cuando ya había estacionado el aparato en la zona que me indicaron desde la torre, los motores se apagaron repentinamente... ¡antes de que cortara la mezcla! ¡Uf, eso se llama llegar justito!

Nada más bajar del avión, vi como se acercaban los equipos de transporte para descargar hasta la última caja de las bodegas. Estaba seguro de que harían buen uso de su contenido.

Mi misión había terminado aquí; ya sólo me restaba volver a Georgia y seguir disfrutando de mis merecidas vacaciones.

Epílogo: un tiempo después de haber realizado la misión me daría cuenta de que, en el primer tramo de ésta, poco después de pasar la frontera afgana-pakistaní, había sobrevolado la ciudad de Parachinar y ¡su aeropuerto! el cual, por alguna razón, no figuraba en el mapa que se encontraba en la cabina del DC-3.

2 comentarios:

Juanjo dijo...

Je, je, je... a eso se le llama apurar. Esta vez la misión lo merecía.

María José dijo...

Siempre se pueden interrupir unas vacaciones para realizar una hermosa y atrevida misión como esta, y volar un DC-3 debió ser todo un aliciente. Disfruta tu merecido descanso en Georgia, José Ángel, y gracias por tu contribución a un mundo mejor.

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